Marujas
No hay cosa que mas coraje me de que ir a comprar y tener que soportar los cotilleos, gritos y risas de hiena de las marujas. Si, las clásicas marujas de barrio que no pueden vivir sin despellejar a la vecina del quinto. Esas que se cuelan a empujones diciendo que solo quieren una “cosilla” cuando en realidad acaban pidiendo la compra de todo el mes.
- Hola niña, ¿quién es la ultima?
- Una mujer que esta en la tienda de enfrente y dice que ahora viene.
- Bueno, pues a la que venga detrás dile que me voy a la pescadería porque tengo mucho que comprar y ahora vengo.
Y así se forma una cola de “marujas fantasmas” que en realidad no se sabe donde están. ¡Y ni se te ocurra colarte! Porque como llegue una de la tienda del barrio colindante y vea que te están despachando ya te puedes preparar, serás sonada en el barrio, te hundirán en la mas profunda miseria, y las demás marujas cotillearán a tu paso: “Si, mira, esta niñata es la hija de la del quinto, igual que la madre. De verdad que poca vergüenza tienen en esa familia”.
Vas a la tienda y ya sin ganas tienes que contemplar como ligotean con el tendero:
- Uyy Antonio, ¡que melocotones mas gordos tienes!- Y cuidao, que lo dice guiñándole el ojo y dándole codazos a la otra maruja mientras las dos juntas se mofan.
- Si, si, y mira que estaba picantito el chorizo con el que ayer me hiciste el bocadillo.
- Es que es mu apañao este Antonio. No como mi mario...
Y el pobre Antonio sonríe falsamente con resignación, no vaya a ser que las marujas cierren el monedero y se vayan al super, donde las cajeras verduleras les dan mas conversación.
